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Entre el cielo y el infierno

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default Entre el cielo y el infierno

Mensaje por Karinita el Vie Dic 30, 2011 12:40 pm



La avaricia de Lucifer, no sólo lo arrastró al infierno, sino también consigo a todos sus seguidores, él fue el arcángel caído, los demás sólo eran ángeles.



Lo que significa que no hay sólo un demonio, hay muchos, pero sólo hay un rey del infierno…



- Quiero volver al cielo…



Este deseo era anhelado por muchos demonios, ¿qué pasaría si tuvieran la oportunidad de volver a ser ángeles?



- Voy a darle una segunda oportunidad a aquel que de verdad lo merezca y todos sus pecados y obras serán borrados para siempre de la lista- dijo Dios, pero tenían que cumplir con siete requisitos fundamentales del que quizás sólo uno sobreviva o quizás ninguno.



Y es entonces cuando comienza esta historia.




_________________________________________________________

Capítulo UNO
“El despertar del ángel negro”

Primer requisito, encontrar a un humano con la estirpe pura más del 50% de su ser…



- ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!

No sabía cómo pero estábamos rodeados por casi todo el instituto, la pobre ya casi no podía ni ponerse de pie, le agarré del cabello e hice que su frente se golpeara con la mesa una, dos, tres, cuatro veces, antes de que el sonido de un fuerte silbato destruyera mi tímpano.



- ¡Diarte!- escuché el grito grueso pero femenino, era la profesora de Educación Física.



- ¡Mierda!- añadí entre dientes soltando a mi víctima, ésta cayó al suelo.







Escuché los pasos de la maestra cada vez más cerca de mí.





- Ella empezó- señalé a la chica morena con aspecto de puta tirada en el suelo.



- Eso se lo explicarás al director…



Y otra vez fui a parar en la oficina del director oliendo asquerosamente horrible.



- Esta vez qué pasó- preguntó dando un suspiro cansado.



- La zorra de Rosee me bañó con su almuerzo.



- Fue un accidente- eso era mentira, sus lágrimas de cocodrilo no convencerían a nuestro listo director.



- Dice que fue un accidente- me estaba mirando mal a mí, cuando debería de mirarle así a ella, yo siempre era su víctima.



- P-per-pero…



- Alice, creo que necesitas controlar más tu ira, eres muy agresiva, y esta semana has venido a parar aquí por agresión física ya ocho veces, y apenas es miércoles.



- Yo tengo un buen control de la ira- dije poniéndome de pie y golpeando con mis puños con fuerza su escritorio.



- Llamaré a tus padres- descolgó su teléfono negro y empezó a discar, tantas veces yo había parado allí que ya se sabía el número de casa de memoria.





Y así fue cómo empezó mi tortura, dos horas de terapia semanal, los martes y jueves a las tres de la tarde durante cinco meses ¡yupi! (*sarcasmo*)



Y como si no pudiera ser peor, tenía prohibido ir al patio de almuerzo durante los recesos, la cocinera se encargaba de llevarme mi almuerzo en el patio trasero del instituto.



Odiaba esta vida, me sacaba de quicio todo lo que ocurría a mí alrededor, el barullo, las burlas por mi cabello negro mal teñido, mamá me sacó todo mi dinero y ni podía irme a la peluquería, nadie trabajaría a alguien gratis por compasión.



Ese sábado quedé sola en casa, aproveché la ocasión para entrar en la habitación de mis padres y robar… un momento, ¿robar?... no, no estaba robando, sólo estaba recuperando “mi” dinero.



Me escabullí por el patio trasero y fui a la peluquería, estaba oscureciendo, quise acortar el camino entrando en un callejón oscuro, yo sabía cuidarme sola, aunque en el pasado nunca habían intentado robarme algo, pero siempre hay una primera vez.



- Mira a quién tenemos aquí- salió de la oscuridad un completo desconocido.



- Deja de obstaculizar mi camino hijo de p***- quise sonar autoritaria, él se acercó a mí tambaleándose, sus ojos tenían un brillo extraño.





- ¿Crees que soy lindo eh?... dame todo tu dinero y quizás te de una recompensa por portarte bien preciosa.



- ¿Acaso estás drogado imbécil?



- No tengas miedo corazón- era imposible entablar una conversación lógica con él, se había fumado quizás toda la marihuana restante en el planeta.



- ¡No des ni un paso más!- preparé mis puños para defenderme.



Estando a pocos pasos de mí tropezó y cayó al suelo. Solté una sonrisa victoriosa y seguí caminando para llegar al otro lado del callejón y salir de una buena vez de allí, entonces siento un fuerte estirón en mi pie.



Me tomó desprevenida y caí al suelo golpeándome la frente con el suelo.



- No te me escaparás- se arrastró hasta quedarse sobre mí.



- Déjeme- le di una fuerte patada en sus miembros, hizo una mueca de dolor, iba a zafarme cuando de repente siento un dolor punzante en mi estómago.



Me puse una mano en el lugar del dolor, estaba húmedo, entonces noté que ese desgraciado tenía un puñal en la mano.



- Infeliz- maldije a ese estúpido un millón de veces en mi mente en todos los idiomas que conocía, él se encargaba de rebuscarse en mis bolsillos sacando mi dinero y mi celular.



- ¡Devuélveme lo que me pertenece!- hic e un inútil intento de ponerme de pie.



- Te portaste muy bien muñeca, así me gusta, ahora te dejaré un regalito.



Y justo a mí ese día se me había ocurrido salir con falda, la levantó, le di un empujón con las pocas fuerzas que me quedaban pero sentí en mi otro costado otro dolor punzante.



Empezó a reírse con más intensidad, tanto que pensé que estaba totalmente loco.



- ¡Qué divertido!- añadió entre risas.



Su voz chillona me daba asco, y su apariencia de vagabundo aún más.



- Estás demente- murmuré bajo, estaba empezando a asustarme mucho ese tipo.



- Me gusta- dijo clavando su mirada en mí- es muy divertido.



Me mostró una sonrisa, entonces me volvió a clavar bruscamente el puñal, caí al suelo, él se agachó, el dolor era inmenso, ¿iba a morir allí?



No no no, no quería morir allí y mucho menos así, tenía miedo, empecé a llorar como una cobarde, tenía tanto miedo de morir.



Clavó su puñal en mi pecho, no me salía ni la voz, pero sí pude escuchar una voz.



- ¿Quieres vivir?- ¿acaso ese era Dios?



- Sí- respondí en mi mente, no podía decir nada.



- Vive, pero sólo para mí, ¿Qué me dices?



- Te daré todo lo que tú quieras.



- ¿Quieres hacer un pacto con este diablo?- ¿no era Dios?...empecé a ver la imagen borrosa de alguien mientras mi agresor hacía que yo abriera las piernas.



- Sí.



Me extendió la mano, yo la tomé, no tenía fuerzas para moverme, lo que veía era el brazo de mi alma cerrando el trato con ese desconocido.



Entonces todo se tornó borroso mientras que lo último que pude oír fue…



- Mucho gusto Alice, mi nombre es Creed.


Creed Prov.

Sentí una energía de atracción cuando me tocó la mano, le aparecieron alas de plumas negras mientras que todas sus heridas se sanaban y volvía a lo que siempre había sido, su cabello falso desapareció adquiriendo el color natural negro azabache, su piel bronceada volvió a empalidecerse, todo regresó como estaba, incluyendo su virginidad consigo.



Velé por ella toda la noche, mi ángel negro no despertaba, pero me sentía feliz, estaba a un paso más de lograr mi objetivo, el primer paso había sido concluido con éxito, tenía a una humana de estirpe pura justo frente a mí.



Amaba mucho, era piadosa, siempre se arrepentía de sus errores, pero tenía un único defecto que la hacía 30% impura, no tenía un control total sobre su ira y sus impulsivos pensamientos, sentimientos y acciones, pero eso la hacía una perfecta acompañante para mí.


Fin de Creed Prov.

El sol chocaba contra mi rostro, cuántas veces le había dicho a mi madre que…

Desperté en un lugar completamente desconocido, las cortinas blancas casi transparentes se movían de lado a lado dejando entrar el viento en la habitación, me senté, no pude evitar mirar mi cuerpo, no tenía cicatrices ni heridas.



Pisé la suave alfombra, al ponerme de pie me sentí muy ligera, entonces noté que estaba completamente desnuda.



Me tapé con la sábana blanca, hice deslizar la puerta de vidrio polarizada para encontrarme con el balcón, con una vista excelente del mar.



- ¿Es esto un sueño?



- No, todo es real- interrumpió una voz masculina, me volví hacia esa persona encontrándome con un joven de alrededor de veinte años de edad.



- ¿Quién eres?



- Hiciste un pacto conmigo, ¿lo recuerdas?- entonces todo empezó a armarse como un rompecabezas en mi mente, entonces eso no había sido un sueño.



- ¿Qué quieres de mí?



- Quiero que me ayudes a cumplir con mi deseo.



- Soy una mujer de palabra- titubeé más para mí que para él, tenía que cumplir con mi palabra y servirle a él.



- ¿Piensas gobernar el mundo o empezar el apocalipsis, el dos mil doce se acerca?



- Nada de eso, y lo del dos mil doce es falso- hizo una mueca de desinterés y se aproximó a mí.



- ¿Entonces qué clase de deseo quieres cumplir?



- Quiero volver a ser un ángel, y tendré una segunda oportunidad si termino cumpliendo siete requisitos fundamentales, el primero fue conseguir a un humano con estirpe pura.



- ¿Yo pura?... ¡Pfff!- me burlé.



- No puedes odiar a las personas por mucho tiempo, eres piadosa, tu único defecto es tu ira.



- ¿Cuál es el segundo requisito?



- Entrenar a mi ángel negro para después matar demonios.



- ¡No soy una asesina!



- Matar a demonios no cuenta como asesinato.



- Rayos, en qué lío estoy metida- me quejé poniendo una mano en la frente, al parecer estaba por tener una fuerte jaqueca.



Él pudo oírme, lo vi sonreír, se acercó a mí y me puso una mano en el hombro.



- Con un vestido te verás mejor- murmuró, entonces la sábana había desaparecido, en su lugar llevaba un vestido blanco un poco sencillo que me alcanzaba hasta las rodillas.



- Quieres, vivir conmigo aquí, o prefieres regresar con tu familia.





Su oferta había sido muy gentil, lo miré con sospecha por unos instantes pero se veía realmente sincero, se suponía que era un demonio, debía tener cuernos y debía ser despiadado.



Pero lo único que podía ver en él era un hermoso rostro de tez blanca, ojos verdes y cabello no tan rubio ni tan castaño, un hombre alto, elegante, hermoso ante mis ojos.



- Quiero volver a mi casa, con mi familia.



- Entonces así será- dio un aplauso, entonces aparecimos ambos en la sala de mi casa.



Mi madre entró furiosa y se aproximó a mí.



- ¿Dónde estuviste toda la noche jovencita?



- Eehhh…- no había pensado en eso, miré a Creed quien era completamente invisible para mi madre.



Él se estaba conteniendo la risa, entonces preguntó…



- ¿Sigues prefiriendo vivir con ellos?... si quieres puedes contárselo todo a tu madre, pero creo que te tomará como a una chica que está completamente loca.



Había sido demasiado amable para empezar, sólo quería divertirse por mí, era de esperarse de él…

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Mensaje por Vanessa el Sáb Dic 31, 2011 10:12 am

Esta dando gusto demaciado bien te expresas espero que continues
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Mensaje por Rebec@2011 el Lun Ene 02, 2012 4:48 pm

continúalo pronto, me encantan las cosas que escribes n.n
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Mensaje por Olivia el Lun Ene 09, 2012 7:06 pm

Continua please Karinita ..Me encanta lo ame enserio

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default Re: Entre el cielo y el infierno

Mensaje por Karinita el Miér Ene 11, 2012 6:50 pm

Capítulo DOS
“El corazón de Creed, tramposo y piadoso”



- No me vencerás, tu plan no te saldrá- murmuré por lo bajo para que mamá no me oyera.



- Eres interesante- Creed se cruzó de brazos- muero por ver qué harás- bostezó fingidamente.



- Verás mamá, alguien entró en la casa.



- ¿Un ladrón?



- ¡Pfff!- Creed se contuvo la risa- ¿y esa es tu mejor excusa?



- Bueno, ahora sabes cuándo te estoy mintiendo, mi voz suena extremadamente seria, calmada y madura para no levantar las sospechas, ahora te diré la verdad.



- ¿Qué pasó?- ni siquiera le había empezado a decir lo sucedido y ya reaccionaba histérica, en ese momento me pregunté a mí misma si aún quería volver a casa.



- Quería ir a la peluquería, así que saqué de entre tus cosas “mi” dinero- enfaticé esa palabra- pero por el camino me topé con un drogadicto que me quitó todo el dinero e intentó violarme, me resistí y me llenó de puñaladas, estaba ya medio muerta cuando hice un pacto con un demonio para seguir viviendo- dije toda la verdad atropelladamente y sin respirar.



- En serio Alice- mamá se cruzó de brazos imitando a un Creed que estaba sonriente.



- Esa fue la verdad- y se hacía llamar mi madre y no sabía cuando su hija mentía y cuando no.



- Listo, tú ganas- me encogí de hombros.



- Excelente- murmuró Creed, vi entonces cómo mi madre abría los ojos como platos- mucho gusto señora, pero me llevaré a su hija.



Un momento, ahora mamá sí podía verlo, sentí cómo Creed me abrazaba por detrás, entonces todo se desvaneció a mi alrededor, sólo pude escuchar el grito de mi madre pronunciando mi nombre antes de volver a aparecer en el mismo lugar en el que desperté.



- Mamá debe de estar ahora preocupada- murmuré llevando mis uñas a mi boca para empezar a morderlas.

- Nadie ha muerto por preocuparse un poco- sonaba tan relajado, estaba sirviendo vino en una copa, ¿en qué momento fue a traerlo?



- Lo dices porque no se trata de tu madre.



- ¿Un trago?- estaba ignorando completamente lo que yo decía.



- No, soy menor de… dámelo.



- Huy… tranquila- exclamó después de que le arrebaté la copa de la mano con brusquedad y me tomé todo el vino casi atragantándome con él.



- ¿¡Cómo quieres que me quede tranquila!?- en ese momento la copa junto con todas las ventanas que nos rodeaban se llenaron de grietas.



- ¡Cálmate o arruinaras mi hogar!- me gruñó, era la primera vez que lo veía más o menos saliéndose de sus casillas.



Esta vez sí las ventanas se rompieron, pero no sólo eso, sentí un leve temblor en mis pies casi como un terremoto mientras que las luces se encendían y apagadas como si estuviera por haber un corto circuito.



Me quedé callada al recordar a quién tenía frente a mí, y que por lo que estaba comprobando hasta ese momento, no era nada inofensivo.



- Aquí me obedeces, y no me alzas la voz, ahora vives por mí y para mí, y que no se te vuelva a olvidar eso.



Me tiré en el living blanco, se me quedó mirando como si él fuera el emperador y yo una esclava durante un largo tiempo, no soportaba esa mirada de superioridad con la cual me veía, pero por dentro por más de que me estuviera retorciendo no podía quejarme ni decir absolutamente nada al respecto.



- Tu cumpleaños es en tres días ¿verdad?- preguntó calmado como siempre dirigiéndose hacia la cama, entonces noté que en ese lugar sólo había una.



- Sí.



- Descansa unas horas, después te enseñaré a asesinar- me miró desde el rabillo del ojo, yo simplemente asentí, entonces procedió a quitarse la camisa como si yo no estuviera allí.



¿Qué carajos creía que hacía?... no podía quejarme, simplemente desvié la mirada, pero no pude estar así por mucho tiempo.



- Exactamente tres horas- añadió, yo tenía esa costumbre de mirar a las personas cuando me hablaban o al hablarles así que inconscientemente lo miré.



- Sí señor- murmuré, sólo vi su espalda desnuda, afortunadamente no se había sacado el pantalón y estaba acostado en la cama.



En su espalda pude ver un símbolo parecido a un sol pero no estaba completo, apenas y llegaba a la mitad, ¿un tatuaje?... no, era más bien como una marca de color rojo que brillaba en él, me entró la curiosidad, posiblemente eso significaba algo.



Me contuve la pregunta, no quería despertarlo si en verdad estaba dormido, pero la duda me inquieto durante esas tres horas sin dejarme dormir siquiera un sueño.





Me senté al percatarme de que se estaba poniendo de pie, clavó su mirada superior sobre mí.



- ¿No dormiste nada?



- Un poco- mentí.



Se volvió a poner la camisa, entonces vi que señaló el armario.



- Viste algo cómodo y ligero.



Caminé hasta el armario, al abrirlo me encontré con perchas vacías.



- Ah, lo olvidé- con un chasquido de dedos unas prendas aparecieron en las perchas.



Opté por un short y una blusa algo floja de algodón, al salir afuera mis pies sintieron la arena caliente de la playa, nadie además de nosotros dos estaba allí, tal vez estábamos en una isla desierta o playa privada o algo por el estilo.



Me enseñó a romper cosas manejando mi ira, era como un don que había adquirido desde que había hecho aquel pacto con él, pero cansaba muchísimo, después de largas horas me estaba arrepintiendo de no haber descansado.



- Por el momento sólo te conformarás con ese don, tenemos que asesinar a un demonio lo antes posible.



- ¿Es uno de los requisitos?- el sol ya se había ocultado, en su lugar estaba la luna siendo acompañada por miles y millones de estrellas, aquel lugar era hermoso, pero todavía no podía considerarlo como a un hogar.



- Tercer requisito, terminar con la impureza de este planeta antes de que salga el sol.



- ¡Antes de que salga el sol!- empecé a desesperarme, ya hacía un tiempo desde que la noche había caído.



- El sol de mi espalda, antes de que el símbolo se complete.



- Y si llega a completarse ¿qué pasa?



- Los dos nos vamos al infierno.



- Y-y ¿dónde se supone que encontremos a…?



- Tranquilízate- me interrumpió, respiré hondo.



- Listo.



- Tengo ya a nuestra primera víctima, antes de conocerte ya había estado investigando a algunos humanos durante un tiempo.



Me tomó de la mano y ambos aparecimos en un bar junto a la barra.



- Es él- señaló al camarero, tenía el pelo teñido de verde y su rostro estaba lleno de piercing y tatuajes, era horrible.



- Me da miedo.



- Es satánico, y amigo de un conocido mío.



Seguimos a aquel hombre hasta su apartamento, dejó la puerta abierta, yo traté de seguirle el paso pero choqué contra una pared invisible o algo.



- ¡Ouch!- me quejé, el hombre se volvió hacia mí.



- ¿Qué haces tirada en el suelo?- se quejó Creed a unos pasos frente a mí.





- Ella no puede pasar mi barrera- se oyó entonces una voz masculina, entonces vi a un hombre que sí tenía cuernos- es contra ángeles negros.



- Lucius- murmuró Creed sonriente- tanto tiempo amigo.



- Cállate traidor.



- No me hagas enojar, sabes que yo soy más fuerte que tú- ahora sí se estaba poniendo serio.



- Aquí no, tu hermanito no está para defenderte, y mientras estés dentro de mi barrera tus poderes no te funcionarán.



- Eres astuto- murmuró entre dientes, yo no podía entrar en la barrera y Creed no podía salir- por eso te odio.



¡Vamos!... era nuestro primer trabajo, no podíamos encontrarnos ya con algo muy difícil.



- Y yo te odio a ti- respondió Lucius, el pelirrojo clavó entonces su mirada en mí.



- Acaba con ella- ordenó, entonces el pelo de loro se lanzó violentamente sobre mí sin importarle que yo fuera una dama, pero ¿dónde había quedado la caballerosidad en estos tiempos?... ya más tarde lo buscaría en google, ahora no tenía tiempo para preguntarme cosas estúpidas y mucho menos pensar en eso.



- Eres muy linda- me susurró ya una vez que me había capturado mucho más fácil de lo que quizás hasta él se lo había imaginado, y yo que me hacía llamar la reina de las peleas en el instituto, ¡qué vergüenza!... eso había dejado por el suelo mi orgullo.



Entonces sentí cómo aquel sujeto estaba abusando con las manos tocando donde no debía.



- Una cirugía te vendría bien no son muy grandes- murmuró.



- ¡Idiota!- le di una patada en su punto débil, el niñito llorón se tiró al suelo rodando de dolor- ¡no te metas con mis pechos!



Bueno, de eso hablaba, había resultado más fácil de lo que creí al principio.



- Ya sabes qué hacer- escuché la voz de Creed.



Descargué toda mi ira en él, mis sentimientos reprimidos no sólo podían romper ventanas, también huesos, rompí todos sus huesos, por un momento me sentí muy mal, necesitaría terapia después de aquello, era algo muy fuerte para mí.



Lucius desapareció justo cuando murió su compañero, sentí escalofríos por todo el cuerpo, el sol ya estaba en su punto más alto.



- ¿Tienes frío?- con tan sólo tocarme sentí cómo toda mi piel se calentaba (*sin doble sentido mentes morbosas*)- ¿ya no?



- Está muerto- inquirí en un susurro.



- Tranquila, todo estará bien.



En ese momento me sentí como una niña de ocho años perdida en una gran ciudad muy sola, Creed me dio un gentil abrazo.



- Creía que serías más fuerte, esto apenas comienza- me susurró al oído erizando mi piel.



Tenía razón, eso apenas comenzaba y me encontraría quizás con más situaciones iguales o quizás sea más probable que fueran peores que esa.


Creed Prov.

La pobre estaba temblando de miedo, quizás debí haber escogido a un hombre, las mujeres eran más sensibles en ese sentido, pero no podía olvidar eso especial que vi en ella.



La llevé de nuevo a la casa de la playa, allí ella se tomó una ducha y se acostó a dormir en el living, yo hice lo mismo, me tomé una fría ducha y me acosté en la cama, pero después de contemplarla por un momento sentí algo de pena.



- Alice.



- ¿Sí señor?



- No me digas señor por favor- me molestaba.



- ¿Entonces cómo le digo?



- Amo.



- ¬¬ ¿Sí amo?- lo dijo de mala gana.



- Puedes venir a dormir en mi cama, yo duermo en el living.



Le brillaron los ojos con lo que le dije, la pobre estaba muy cansada, habíamos entrenado sin descansar y hasta habíamos terminado con nuestra primera víctima, ahora se venía el cuarto requisito, di un suspiro, quizás eso me costaría un poco más.



Mientras la contemplaba dormida, algo abordó a mi pecho, ¿le había tomado cariño quizás?, no podía, si eso pasaba no podría cumplir con mi séptimo requisito.



Pero quizás debería darle a la pobre por lo menos un regalo de cumpleaños.



Veinticuatro horas después despertó, pero para cuando eso yo ya había solucionado ciertos asuntos.


Fin de Creed Prov.

Creed me despertó derramándome con un balde agua helada, me dio un gran susto.



- Feliz cumpleaños, dormiste veinticuatro horas, espero que hayas descansado.



- ¡Qué maravilloso regalo! (*sarcasmo*)



- Esta es sólo la tarjeta, espera a abrir el regalo- me mostró una sonrisa, no era cínica ni fingida, esta vez era una sonrisa completamente sincera, algo muy extraño en él al dedicármela a mí y no de mí.



Después de darme un baño, él se metió apresuradamente al baño.



- ¡No hagas eso!- me quejé tapándome con la toalla.



- Ya estoy cambiando de parecer, tardas demasiado- al tomarme de la mano repentinamente yo ya estaba completamente vestida- disfruta de mi obsequio.





Aparecimos en casa.



- ¡Feliz cumpleaños!- mi mamá me recibió.



- ¿Qué está pasando?



- Estaba muy preocupada por ti- mi madre me dio un fuerte abrazo como de esos que yo normalmente odiaba pero en ese momento increíblemente me gustaba- bienvenida a casa, Creed y yo llegamos a un buen acuerdo.



- ¿Cómo?



- Va a darnos todos los lujos que queramos a cambio de que viva con nosotros, y que no interrumpamos sus planes, pero yo sólo quería tenerte conmigo.



- Le recuerdo que su hija es de mi propiedad- murmuró Creed aguando la fiesta.



Mi madre me soltó por un rato.



- Los dejo solos un rato- murmuró saliendo de la sala.



- El cuarto requisito- murmuró con seriedad Creed en ese momento.



Bueno, al menos ya habíamos llegado al cuarto requisito, pero no tenía ni idea de que eso sólo significaba la mitad de la mitad de todo el camino que nos faltaba por recorrer aún, aunque debía de admitir que Creed me estaba cayendo mejor.

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default Re: Entre el cielo y el infierno

Mensaje por SoraAi el Jue Ene 12, 2012 1:03 pm

Me está gustando la trama de la historia, eres buena escritora, espero el sigt capi ^^ ya tienes a una seguidora más
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Mensaje por Rebec@2011 el Sáb Mar 03, 2012 3:33 pm

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default Entre el cielo y el Infierno cap 3

Mensaje por Karinita el Mar Mar 27, 2012 6:05 pm

Primero que nada mil disculpas por la demora, a veces puedo tardar en actualizar pero no pienso dejar abandonado este fic..

Gracias por su comprensión XD

_________________________________

Capítulo TRES
“Ahora sé lo que sientes”

Abrí Los ojos con pereza, mi vista todavía estaba un poco nublada ya que me está a tardando en percibir el techo blanco, volví a cerrar los ojos con fuerza para frotarlos y volver a abrirlos.


El techo era de madera, al igual que…
No fue un sueño- pensé, en verdad yo estaba en mi cuarto.


Recordé mi charla con Creed el día anterior, habíamos llegado al cuarto requisito, tres más y estaría libre del trato, me sentía feliz y con optimismo al pensar en eso, pero ¿extrañaría a Creed? No creo, es realmente detestable.


El cuarto requisito consistía en hacer por lo menos una obra buena o de caridad desinteresada por día, eso sería un poco difícil, Creed es bastante egoísta, por supuesto al igual que yo, no me interesa tener que lidiar con los problemas de los demás, pero no hacerlo me traería problemas a mí.


Creed estaba preocupado por algo, lo podía notar, o tal vez podía sentirlo, su inquietud era la mía, la sentía en mi pecho.



- ¿No piensas levantarte?- se apareció de repente frente a mí.
- Ya, ahora sal de aquí.
- Como si no te hubiera visto sin ropa- le encantaba molestarme apenas empezaba el día.
- ¡Salte!- le tiré una almohada con fuerza, creí que lo esquivaría pero no, le di justo en la cara, retrocedió un paso.


Oh oh… ahora estaba en problemas.


- Considera como mi buena obra del día el perdonarte la vida por esto…- gruñó apretando con fuerza la almohada haciendo que sus uñas agujerearan la funda.


La agarró con ambas manos y partió en dos dejando que las plumas se esparcieran a su alrededor, tenía un aire bastante aterrador, sin duda había amanecido de malas.


Me dirigí al baño, no tenía ojeras, mi piel no necesitaba de cremas hidratantes ni exfoliantes para verse tan fina.


Mejor, no tendría que seguir preocupándome por los granos o espinillas y tampoco por el maquillaje para tapar manchas de sol.


Al terminar de vestirme me dirigí a la cocina, mi desayuno ya estaba servido y mi madre estaba sentada esperándome.


- ¿No fuiste a trabajar hoy?
- Desde ahora sólo tu padre trabajará, yo me dedicaré a darte más atención, además consiguió un aumento, ya no necesitamos que yo trabaje.
- ¿Creed tuvo que ver con eso?
- Algo así.
- ¿Al menos su trabajo ahora es legal?
- Claro que sí.


Creed había sido amable otra vez, bueno era parte del trato con mi mamá.


- Me voy.
- Yo también- oí la voz de Creed, alcé la vista, por poco y me atraganto con mi tostada al verlo así.


Llevaba el uniforme del colegio, el saco gris y la corbata azul hacían resaltar sus ojos que me observaban con un tono verde pero a la vez azulado, un tono difícil de explicar, no era el mismo color de ojos con el que lo conocí.


También había cambiado su corte de cabello, lo que lo dejaba muy… ¿y si podía leer mis pensamientos? Me limité a no seguir pensando en cómo se veía por si las dudas.


- Así que no me dejarás sola ni por un segundo, no es que me fuera a escapar de ti o algo así- murmuré antes de beber apresuradamente mi jugo mientras observaba el reloj que estaba colgado en la cocina.
- Imaginé que sería divertido fastidiarte las veinticuatro horas del día, por cierto, supuestamente soy un alumno transferido de Rusia.
- Empiezo a creer que todo esto te parece divertido, sólo estás jugando- él sólo hizo una mueca de media sonrisa, di en el blanco, sólo era un capricho infantil, era como un juego para él fingir ser otra persona y llevar otra vida.


Al llegar al colegio noté unas cuantas miradas fijadas en mí, muchos allí me odiaban.


- Uff… el ambiente está muy tenso por aquí, ¿qué les hiciste?
- Sólo no le caigo bien a la gran mayoría.



Al entrar al aula todo se vio peor, me odiaban, nunca me había dado cuenta de qué tan profundo era su odio hacia mí, pero ahora era sensible a las emociones ya que podía sentirla en el ambiente de vez en cuando.



- Atención, hoy tenemos a un nuevo estudiante de intercambio, viene de Rusia y está viviendo con nuestra queridísima- eso era sarcasmo, ni la maestra me soportaba- compañera Alice.
- Mucho gusto, mi nombre es Creed Lavrov- utilizó un acento que iba de maravilla con su voz, parecía un Ruso de verdad.
- ¿De qué parte de Rusia vienes?- preguntó la maestra, ahora venían las preguntas avasalladoras, si él se equivocaba… me llevé la mano derecha a la boca y empecé a morderme las uñas.
- Omsk, es una ciudad ubicada al sureste de Siberia de Rusia durante la época de la Rusia Imperial, la ciudad era asiento del Gobernador General de Siberia Occidental y después del Gobernador General de las Estepas por un período breve durante la Guerra Civil Rusa.- me quedé boquiabierta, o sabía demasiado o se inventó un divague lo suficientemente convincente.

- Di algo en ruso- añadió Dalia, una compañera un tanto insoportable y por supuesto muy popular.
- Spasibo mne simpatiyu , chto eta strana
- ¿Y qué significa?
- Gracias a ti me está gustando este país- si mi boca ya estaba abierta, en ese momento se abrió aún más, ¿estaba coqueteando con ella?


Pasó a sentarse a mi lado con la sonrisita de victoria y superioridad característica de él, carraspeé los dientes y traté de ignorarlo por el resto del día aunque resultaba un poco difícil.


Él me seguía a mí y todo el curso lo seguía a él, era tan agradable su personalidad falsa que casi sentí celos de su amabilidad con Dalia, pero entonces me dije a mí misma: él no es real, sólo es Creed.


Logué escaparme de él a la hora del almuerzo, me senté a leer un libro en la biblioteca, al fin paz y tranquilidad, de seguro Creed se estaba divirtiendo bastante siendo el centro de atención.


- ¿Leonardo da Vinci?- interrumpió mis pensamientos una nueva voz- tiene una historia bastante interesante- y sin preguntar se había sentado justo frente a mí.
- ¿Nos conocemos?
- No, mi nombre Ryan, ¿y tú?
- Alice- me pasó la mano, no podía ser tan mal educada como para no darle la mía.


Apenas lo toqué sentí escalofríos, fruncí el seño, era sospechoso.


- Este es un lugar bastante tranquilo para pensar- murmuró inclinando la silla para atrás mientras se hamacaba.


Entonces noté que estábamos solos, desconfié aún más de él ¿y si todo eso era una trampa?


Un fuerte ruido se esparció por el enorme salón gracias al eco, la silla se había resbalado y él se había caído de espaldas, toda sospecha desapareció de repente, él era sólo un idiota.


- Auch… eso sí que dolió- se echó a reír de sí mismo.
- Te ayudo a…
- Cuidado- se puso serio repentinamente, me estiró con fuerza del brazo haciendo que cayera junto a él- no estamos solos.


Entonces se oyeron unos pasos, me sentí de repente como si estuviera dentro de una película de terror, estábamos escondidos bajo la mesa mientras se oían los pasos del asesino en serie, vi unos zapatos negros y un pantalón del mismo color acercarse a nosotros lentamente.


- Iván, lo encontré, ven aquí- susurró, el extraño agarró la mesa y la tiró hacia un lado dejándonos al descubierto.
- ¿Pensaste que escaparías?


¿En qué se había metido ese idiota?... entonces pude sentirlo, frente a nosotros no estaba un ser humano, más bien parecía ser un ángel negro al igual que yo, ¿el maestro de primaria era un ángel negro?


Creed… cerré los ojos, estaba metida en un lío, la de madera corrediza se abrió rápidamente.


- ¡Alice!- suspiré de alivio al oír la voz de Creed.
- Interesante- murmuró entonces una mujer apareciéndose frente a nosotros- tres ángeles negros reunidos, me desharé de ustedes dos y yo tendré menos competencia.
- Esto es sólo entre nosotros- apareció otro hombre, éste al parecer nos estaba protegiendo.


A ver si estaba entendiendo bien lo que pasaba, esa mujer era igual que Creed y utilizaba a su ángel negro para eliminarnos a nosotros para tener más posibilidades de conseguir sus objetivos, el joven idiota que acababa de conocer ¿también era un ángel negro? ¿Y ese que apareció al final era Iván, su demonio?


- Alice, no tenemos nada que hacer aquí- Creed me dio un estirón ayudándome a ponerme de pie- dejemos que ellos se encarguen de sus asuntos, ¿estábamos huyendo?
- Eso no va a pasar - murmuró la mujer disparando con su dedo índice un rayo azul que encendió en llamas el saco de Creed, él se sacó el saco.
- ¿Te atreves a atacarme por la espalda tú insignificante cosa…?
- Nadie te tiene miedo aquí- ahora estaba aún más furioso que antes con la respuesta de esa mujer.
- Esto ya es personal… ¡Alice!
- ¿Sí amo?- pude sentir algo nuevo en mi pecho, era la adrenalina y ganas de destruir que Creed estaba sintiendo en ese momento.
- Aniquilémoslos.


Quizás era impulsivo atacar sin saber las habilidades de nuestros oponentes, pero no iba a desobedecer a Creed y menos cuando ya estaba suficientemente molesto.


Ataqué a su ángel negro, pero por más de que me concentrara por alguna extraña razón mis poderes no me funcionaban, ¿por qué?


- ¿Qué significa esto?- musité.
- ¿No vas a atacar?... bueno, yo empiezo- sus manos se estiraron como si fuera un hombre de goma, entonces lo entendí si era de goma no habrían huesos que romper, yo estaba en desventaja, le estiró con las manos de los pies haciendo que me cayera.


Se pudo oír el sonido de mi cabeza al chocar contra el suelo, en ese momento pensé que el golpe había matado a todas mis neuronas, ya no sentía mi cabeza, pude verlo de pie sobre mí, preparó su puño, iba a golpearme, atajé su golpe, tenía demasiada fuerza, era su puño derecho contra mis dos brazos.


Su puño izquierdo fue a parar en mi rostro.


- ¡Hey!- Ryan llamó su atención, vi sus alas gigantescas aún más grandes que las mías- ¡deja a mi amiga en paz!


El chico sí que tenía confianza, me acababa de conocer y ya me llamaba amiga.


El maestro trató de golpearlo pero atravesaba el cuerpo de Ryan como si él fuera sólo un espejismo entonces noté que Ryan estaba en todas partes.


El maestro intentó golpearlo nuevamente, Ryan sacó algo de su bolsillo, ¿un espejo?... había utilizado un pequeño espejito como escudo, el puño del maestro fue absorbido por el espejo hasta terminar completamente dentro de él.


- Hasta aquí llegaste- rompió el espejo en dos.


Fue entonces cuando me acordé de la existencia de Creed, lo vi mientras atravesaba una espada dorada en el estómago de la demonio, su ángel negro también acababa de morir así que ella simplemente se desvaneció.


- Agh… Creed se dejó caer en el suelo.
- ¡Creed!- corrí hasta él, me sentía completamente inútil en ese momento, yo no había servido de nada en esa pelea.


Tenía rastros de quemaduras en la cara, los brazos y algunas partes de su ropa también.


- Estoy bien, si un ángel negro está mucho tiempo lejos, su amo se debilita considerablemente, y también te habrás dado cuenta que si un ángel negro muere, su amo también corre la misma suerte, sólo por eso no quiero que te pase nada, no es que me agrades ni nada por el estilo.
- Yo ni siquiera pensé en nada de eso.
- Y nunca lo pienses- me tomó de la mano, mientras lo hacía sus heridas se sanaban.
- Gracias Ryan- me volví hacia donde estaba él, pero ya nadie estaba allí.


Llegó la hora de volver a casa, había sido un día largo, ahora ni siquiera el instituto sería normal para mí, ya nada sería lo mismo en ningún lugar.


- ¿Qué tal estuvo tu día rompecorazones?- bromeé.
- No tengo intenciones de sentirme atraído por una humana.
- Ya sé, te crees lo suficientemente superior como para jamás fijarte en una humana.
- No me creo superior, lo soy.
- El día está por terminar y todavía no hicimos nada bueno por nadie.
- Todavía no tengo intenciones de comenzar con eso, pero una vez que comencemos tendrán que ser todos los días.
- Por mí está bien.
- ¿Qué es esto?- preguntó tocándose el pecho y mirándome raro- no me hables tanto- empezó a caminar más apresuradamente dejándome atrás.
- Se llama amistad- murmuré bajo tratando de que no me escuchara, pero estaba segura de que sí lo había escuchado y sólo se hizo del desentendido. Yo podía sentir sus sentimientos cada vez más fuerte que antes.


Me empezó a preocupar la idea de que hubieran más equipos haciendo lo mismo que éste que acabábamos de derrotar, si era así no podíamos estar solos, necesitábamos por lo menos a dos aliados más o no sobreviviríamos por mucho tiempo y los dos iríamos al infierno.


Estaba arrepintiéndome de haber hecho aquel trato, si no lo hubiera hecho todo sería completamente diferente, porque por lo que yo estaba pasando en ese momento ya no lo consideraba vida.


_
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Mensaje por Rebec@2011 el Vie Ago 03, 2012 4:39 pm

Acabo de leer el capi, continúa por favor, a pesar de que no me conecto muy seguido a este foro me considero fan de tu fic *-*
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